Se vienen las fiestas y absorbo una contagiosa ansia reflexiva.
Generalmente considero que el nuevo año me empieza después de las vacaciones, pero esta vuelta encuentro cierto inconveniente; ya que este año viejo quiere terminarse antes, incluso de que empiecen siquiera mis vacaciones.
Estaré frente al nacimiento de “ese tiempo” que se vive entre que una cosa cese, y otra distinta acontece.
Idea que no es nada casual ni rara, si miro de esa manera el último tiempo pasado.
El que se quiere ir, fue un año donde aprender a respirar más tiempo con el aire que tuve en los pulmones, fue característico. Donde pensé muchas veces que la felicidad es como un airecito que nos pega de ves en cuando, como ráfagas. Y que como esos papelitos que tiran en las oficinas a fin de año, vamos viviendo por fruto de esas brisas que no nos dejan llegar al suelo.
Hubo momentos donde aguante la respiración, otros donde aproveche mejor el aire y algunos donde me deje caer y volvió esa brisita.
En todos y en algunos vos fuiste parte, entonces parte de mi felicidad; aire que sopla o ausencia que invita a crecer.
El nuevo intentare aguantar menos la respiración, para dejarme caer más y aprender a usar mejor el aire que vea que tenga. Estare atento a ese tiempo “entre”.
Desde este mismo momento, refuerzo mis deseos de que estés feliz, junto con los tuyos, tus proyectos, tus niños, tu compañer_ y los que tenes a mano.
Y por último te pido que tomes todo el aire que puedas mientras vas terminando de leer, para llenar los pulmones y la panza, y sin dejar que pare ni un segundo… lo largues.
Se siente bien no?
Sigamos continuando.